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También conocida como “nerviosismo”, la ansiedad podemos identificarla fácilmente porque nos produce síntomas muy incómodos como:

  • La típica sensación de agitación,
  • temblores,
  • sudoración,
  • miedo,
  • taquicardia,
  • respiración rápida,

y en casos extremos:

  • sensación de ahogo,
  • opresión en el pecho,
  • desmayo o pánico a que ocurra algo catastrófico.

Cabe aclarar que en sí la ansiedad no es algo malo, de hecho, funciona como un mecanismo adaptativo.

¿En qué momentos se presenta la ansiedad?

Hay eventos que nos pueden producir ansiedad y que no necesariamente representan un peligro físico.

Solemos sentir ansiedad:

  • Antes de entrar a una junta de trabajo importante;
  • cuando le vamos a proponer matrimonio a nuestra pareja, o;
  • al momento de atender una urgencia personal.

La ansiedad como mecanismo de defensa

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La ansiedad es un mecanismo muy antiguo que se remonta hasta la época de las cavernas cuando nuestros antepasados debían cuidarse de los peligros de la vida salvaje.

Imaginémonos qué hubiera pasado si nuestros ancestros no hubieran sentido ansiedad al momento de salir a cazar… Sin lugar a equivocarme creo que un mamut los hubiera matado.

Y es que si estamos ante una situación de peligro, la ansiedad nos sirve para estar alertas y tomar las medidas necesarias de protección.

En otras palabras, es como si fuera una alarma que se activa ante las emergencias.

No obstante, cuando esta alarma se activa constantemente debido a pensamientos irracionales, entonces se vuelve disfuncional y puede dar origen a un trastorno de ansiedad.

La ansiedad como trastorno

El tema de los trastornos de ansiedad es muy amplio, ya que puede abarcar desde las fobias (miedos incontrolables) hasta el estrés post traumático.

Estos suelen ser sumamente incómodos para las personas, como cuando se presentan los ataques de pánico; lo cual les impide continuar con su vida normal.

A menudo desarrollan un temor desorbitado a que se produzcan estos ataques y precisamente este temor es lo que acaba generándolos.

 

En otras palabras, es un “miedo al miedo”.

Para tratar la ansiedad se puede recurrir al uso de medicamentos ansiolíticos, pero es importante aclarar que esto sólo calma los síntomas y no erradica el problema de trasfondo.

Dos señales que nos indican que nuestras pensamientos son irracionales.

Generamos ideas absolutas

He observado repetidamente en consulta que estos pensamientos irracionales se vuelven obsesivos en cuestiones sobre las cuales la persona no tiene control.

Por ejemplo, se suelen expresar ideas como “siempre ocurre algo que arruina mi felicidad”, “nunca podré superar esta relación”, “todos los hombres/mujeres son iguales”, “si fracaso se acabaron las oportunidades”.

Surgen emociones que nos impiden cumplir metas

Emociones y conductas como: la culpabilidad, miedo, aislamiento, depresión y por supuesto, una ansiedad desproporcionada; pueden surgir e interferir con el cumplimiento de nuestras metas.

Cuando las cosas no salen como la persona con ansiedad quisiera, suele presentarse inflexibilidad cognitiva (incapacidad para adaptar nuestra conducta con facilidad).

La manera más eficaz para manejar la ansiedad es a través de una reestructuración de nuestra manera de pensar, que nos permita tener una perspectiva más racional para afrontar las adversidades.

Una terapia psicológica te brindará las tecnicas necesarias que te ayudarán a identificar en que momento se producen los pensamientos de ansiedad y cómo afrontarlos.

Déjanos tus comentarios, ¿qué te ha parecido esta información sobre la ansiedad?

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